EL ERRANTE

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Si es que estoy hecho de historias perdidas, será la razón por la que ahora esté vagando por esta casa tan repleta de luna y tan vacía de luz.

Si es verdad que mis ojos siguen grabando historias que no serán, ése es el porqué esté caminando sobre la hojarasca, en este bosque solitario, negro y difunto de sueños.

No sé cuando fue, ni como sucedió; es que una mañana sólo me aparté de un lugar y me fui a otro, y ahí empecé a ver de cerca a las aves del cielo y al sol del espacio; y en lugares extraños me empecé a quedar, como una errante palabra que jamás tendría que haber sido pronunciada, como un hecho irresoluto o una mirada que nada tiene que percibir.

Si es que me abrigo de alegrías ajenas, creo que esa es la razón por la que mis únicas alegrías son contar los árboles de distintos lugares y ver pasar a los astros camuflados en mil colores distintos; y si es que mis gritos son como sinfonías mudas que jamás serán ejecutadas, ese creo, es el porqué mis caminos se separan de mis pasos y mis huellas se confunden a sí mismas con las que ya habían sido caminadas.

Si es que estoy hecho de madrugadas que nunca llegan y de inviernos en casas derruidas y de amores que nunca volverán, esa es la razón -creo-, por la que mi sombra se ha quedado a orillas del mar a mirar el amanecer, y mis rutinas ya se han dormido, dando un último suspiro que sólo yo he escuchado.

No sé cuando fue, ni como sucedió.

Tal vez entonces, una mañana sólo me apartaré de un lugar y me iré a otro, y en alguno me quedaré esperando a despertar de este sueño; que según parece, sólo se sueña cuando yo trato de abrir mis ojos…

 

 

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SIN LUGARES

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Entro…

E invito al viento una copa de tiempo y a la nada un vaso de horizonte aún sin soles.

Y entra alguna esperanza atisbando mi sombra sobre la barra, se revierte a la hora de hacerse hecho, y viene hacia mí con cara de pocos amigos; le invito un trago de atajos sin salida y quedamos a mano, abrazados, como dos marineros esperando zarpar un barco bajo una madrugada de julio.

E insisto a la tristeza con una medida de locura y a la inconstancia con una botella de decisiones.

Tambaleando ya, le robo la trompeta a un ángel que se quedó merodeando por aquí, y que entre copas murmura una y otra vez, que se le ha aparecido un ser extraño al que llaman “hombre”. Decidido me uno a una banda de ebrios, que sólo saben entonar las notas de esos “tal vez” y las primeras estrofas de una canción que no lleva nombre, pero que cada vez que suena, hace encoger el alma de preguntas si se la escucha estando en esos lugares, y en esas situaciones, adonde se beben las malas decisiones. Cantamos hasta casi morir, y parimos otras melodías distintas que nunca más serán ejecutadas; y entre lágrimas, cerramos los ojos y abrimos el corazón, para imaginarnos otros nuevos pentagramas para las mismas notas.

Me quedo tieso. La buenaventura vomita algunos azares sobre mis zapatos viejos; y la suerte me guiña un ojo, y se escapa nuevamente por la ventana sin pagar la ronda de whisky.

Sin sentirlo, me siento sobre una silla enclenque, junto a un invierno sin compañía y detrás de una primavera sin sorpresas.

El demonio aún corretea por los pasillos a una prostituta gorda; que, según dicen, le había prometido algún secreto de Dios que nunca le dice y que siempre le promete; entonces, entran algunas quimeras aún levantando sus torres de Babel, y todas piden una botella de ceguedad.

La avaricia que está tratando de deletrear la palabra “inmortalidad”, ebria, me codea y me señala a algunos reclusos de pasiones y desaciertos, que siempre piden tragos de resoluciones, pero que nunca los beben y se quedan mirando el techo, repleto de perdones pintarrajeados, que dicen sólo se ven, cuando las lágrimas llueven sobre los ojos de los que nunca se atrevieron a llegar a ningún lado.

Miro, y deseo otra ronda; trato de erguirme, pero mis piernas temblequean ante un peso feroz; y veo, que la muerte se ha quedado dormida sobre mi hombro y el miedo me revisa los bolsillos para robarme algunos sueños valientes.

Creo que pierdo el conocimiento y caigo junto a la nada, mientras la imaginación ríe a carcajadas y el porvenir se menea al compás de una melodía muda que llega desde la calle.

Y cuando vuelvo a mí, despierto siempre en mi cama, saboreando mi paladar vacío y buscando un poco más de días entre mis dedos.

Sin pensarlo entonces, empiezo a caminar sin lugares y con rutinas disfrazadas de aventuras; y llego a la puerta del bar de mis locuras, de mis pasos perdidos.

Y entro… una vez más.

CANTAR DE DESILUCIONES Y TORMENTOS

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Descansan en mis trivialidades, estas hordas de esgrimidas lamentaciones sin justificaciones que hoy, se vuelven ciegas transeúntes de esas calles que ya estoy harto de caminar.
Repelen estas magias disueltas que una vez supe tener entre mis manos, las sonrisas que me regalaron en justa contienda con la vida, y que tal vez, por creerme tan merecedor de ellas, las vestí de soberbias y eternidad, pues creí, que siempre iban a estar a mi lado.
Se funden entre estas escasas posibilidades, las maltrechas acechanzas de algunas alegrías que alguna vez fueron mías, y que hoy se quedan harapientas esperando a mi puerta por un poco de comida y exquisita pensión que ya no puedo otorgarles; se calman, aquellos impertérritos y dolientes resquemores que me dejaron algunas traiciones; que por un momento, me dejan ver mi cuerpo flaco y disuelto en tanta agonía imaginaria, que no sé, como puede ser que un sentimiento tan distante hoy para mí, me deje tan esquelético y afanosamente perdido en medio de este cantar de desilusiones y tormentos.
Ruedan algunas plegarias sobre mi lengua; se gritan a sí mismas, estas atontadas secuencias de palabras, que no hacen otra cosa que llamar lo que ya no espero; fiebre de perdición es lo que hay, silencio consonante con esas lamentaciones que dejé en el perchero y que azuzo algunas veces para que me encuentren distendido en algún sitio, y recordarme que la felicidad es prudencia de acción, y pureza en el tiempo que se regala en abrazos si se sabe aprovechar.
Parece quizás, que se amargan estas insensatas peroratas, para informarme que sólo sufro un poco de amor perdido en el tiempo; y se ven mis heridas, a través de prismas que agigantan mis dolencias.
El viento zumba con aullidos y ya duelo los placeres de los sentimientos no correspondidos, y fiel me quedo a mis convicciones, antes de despertarte y susurrarte que ya caigo en tragedias, antes de haberte perdido.

A PRUEBA

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Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Escucha, nunca sabes, si dirán las palabras justas que estabas esperando.

Abre, nunca sabes, si era la persona que siempre soñaste.

Despierta, nunca sabes, si ese día cambiará el resto de tu vida.

Habla, nunca sabes, si tus palabras despertarán sentimientos en personas insospechadas.

Cambia, nunca sabes, si el nuevo camino te traerá nuevas alegrías.

Analiza, nunca sabes, si la situación que te acongoja, está disfrazada de oportunidad.

Arriesga, nunca sabes, si tus movimientos audaces, serán el comienzo de una cadena de éxitos notables.

Camina, nunca sabes, si tus huellas, serán el camino que sigan aquellos que confían en Ti.

Perdona, nunca sabes, si las ofensas son en realidad pruebas que te ayudan a crecer.

Estimula, nunca sabes, si tus acciones generarán acontecimientos a tu favor.

Agradece, nunca sabes, si lo bueno o lo malo que te sucede, es ni más ni menos que la señal de que el Buen Dios, te está poniendo a prueba

OTROS CIELOS, OTRAS VERDADES

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Magnífica y atroz providencia, que me inventa ciénagas de duelos y desiertos de esperanzas, búscame en el aquelarre de esta monotonía empírica y enorme a la cual llamo vida, y que se ha vuelto tan ella, tan misma, tan igual, que solamente la muerte podría cambiarla para darme un poco de ese paraíso infernal que sueña el guerrero antes de ir a batalla.
Trueno inquebrantable b
úscame en la lluvia de sensaciones; daga de lo inconcluso, ojalá no vengas cuando esté en los brazos de Morfeo y tenga que convencer a mi ánima para que vuelva a refugiarse en esos días que ya no le pertenecen.
Ya he medido la talla de estas esperanzas que a
ún mantengo, y no quepo en ellas. Vara y viga con que se miden lo celestial, no hagan sus cuentas delante de mi triste destino y en el silencio que inunda mis ojos.
Runas y presagios que alguna vez he visto
¿qué me dirán ahora que desatiendo las leyes de lo que era real?
Rezos apocal
ípticos y certeras dudas de los que no es, no quiero llegar a ser un oráculo de falsedad; un recuerdo sosegado, de lo que tendría que haber sido.
Vaga crueldad que muere cuando muere la necesidad y la avaricia, d
éjame seguir, no me tomes prisionero de éste rodeo sin nombre, que ahora me libro de algunas palabras y salgo de mí, a ver otros cielos y otras verdades.
Vida que llamo muerte, y final que llamo liberaci
ón, calla y sigue, que yo te sigo y luego hablaré de todo eso que tendría que haber sido, y jamás fue.