SIN LUGARES

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Entro…

E invito al viento una copa de tiempo y a la nada un vaso de horizonte aún sin soles.

Y entra alguna esperanza atisbando mi sombra sobre la barra, se revierte a la hora de hacerse hecho, y viene hacia mí con cara de pocos amigos; le invito un trago de atajos sin salida y quedamos a mano, abrazados, como dos marineros esperando zarpar un barco bajo una madrugada de julio.

E insisto a la tristeza con una medida de locura y a la inconstancia con una botella de decisiones.

Tambaleando ya, le robo la trompeta a un ángel que se quedó merodeando por aquí, y que entre copas murmura una y otra vez, que se le ha aparecido un ser extraño al que llaman “hombre”. Decidido me uno a una banda de ebrios, que sólo saben entonar las notas de esos “tal vez” y las primeras estrofas de una canción que no lleva nombre, pero que cada vez que suena, hace encoger el alma de preguntas si se la escucha estando en esos lugares, y en esas situaciones, adonde se beben las malas decisiones. Cantamos hasta casi morir, y parimos otras melodías distintas que nunca más serán ejecutadas; y entre lágrimas, cerramos los ojos y abrimos el corazón, para imaginarnos otros nuevos pentagramas para las mismas notas.

Me quedo tieso. La buenaventura vomita algunos azares sobre mis zapatos viejos; y la suerte me guiña un ojo, y se escapa nuevamente por la ventana sin pagar la ronda de whisky.

Sin sentirlo, me siento sobre una silla enclenque, junto a un invierno sin compañía y detrás de una primavera sin sorpresas.

El demonio aún corretea por los pasillos a una prostituta gorda; que, según dicen, le había prometido algún secreto de Dios que nunca le dice y que siempre le promete; entonces, entran algunas quimeras aún levantando sus torres de Babel, y todas piden una botella de ceguedad.

La avaricia que está tratando de deletrear la palabra “inmortalidad”, ebria, me codea y me señala a algunos reclusos de pasiones y desaciertos, que siempre piden tragos de resoluciones, pero que nunca los beben y se quedan mirando el techo, repleto de perdones pintarrajeados, que dicen sólo se ven, cuando las lágrimas llueven sobre los ojos de los que nunca se atrevieron a llegar a ningún lado.

Miro, y deseo otra ronda; trato de erguirme, pero mis piernas temblequean ante un peso feroz; y veo, que la muerte se ha quedado dormida sobre mi hombro y el miedo me revisa los bolsillos para robarme algunos sueños valientes.

Creo que pierdo el conocimiento y caigo junto a la nada, mientras la imaginación ríe a carcajadas y el porvenir se menea al compás de una melodía muda que llega desde la calle.

Y cuando vuelvo a mí, despierto siempre en mi cama, saboreando mi paladar vacío y buscando un poco más de días entre mis dedos.

Sin pensarlo entonces, empiezo a caminar sin lugares y con rutinas disfrazadas de aventuras; y llego a la puerta del bar de mis locuras, de mis pasos perdidos.

Y entro… una vez más.

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CANTAR DE DESILUCIONES Y TORMENTOS

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Descansan en mis trivialidades, estas hordas de esgrimidas lamentaciones sin justificaciones que hoy, se vuelven ciegas transeúntes de esas calles que ya estoy harto de caminar.
Repelen estas magias disueltas que una vez supe tener entre mis manos, las sonrisas que me regalaron en justa contienda con la vida, y que tal vez, por creerme tan merecedor de ellas, las vestí de soberbias y eternidad, pues creí, que siempre iban a estar a mi lado.
Se funden entre estas escasas posibilidades, las maltrechas acechanzas de algunas alegrías que alguna vez fueron mías, y que hoy se quedan harapientas esperando a mi puerta por un poco de comida y exquisita pensión que ya no puedo otorgarles; se calman, aquellos impertérritos y dolientes resquemores que me dejaron algunas traiciones; que por un momento, me dejan ver mi cuerpo flaco y disuelto en tanta agonía imaginaria, que no sé, como puede ser que un sentimiento tan distante hoy para mí, me deje tan esquelético y afanosamente perdido en medio de este cantar de desilusiones y tormentos.
Ruedan algunas plegarias sobre mi lengua; se gritan a sí mismas, estas atontadas secuencias de palabras, que no hacen otra cosa que llamar lo que ya no espero; fiebre de perdición es lo que hay, silencio consonante con esas lamentaciones que dejé en el perchero y que azuzo algunas veces para que me encuentren distendido en algún sitio, y recordarme que la felicidad es prudencia de acción, y pureza en el tiempo que se regala en abrazos si se sabe aprovechar.
Parece quizás, que se amargan estas insensatas peroratas, para informarme que sólo sufro un poco de amor perdido en el tiempo; y se ven mis heridas, a través de prismas que agigantan mis dolencias.
El viento zumba con aullidos y ya duelo los placeres de los sentimientos no correspondidos, y fiel me quedo a mis convicciones, antes de despertarte y susurrarte que ya caigo en tragedias, antes de haberte perdido.

OTROS CIELOS, OTRAS VERDADES

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Magnífica y atroz providencia, que me inventa ciénagas de duelos y desiertos de esperanzas, búscame en el aquelarre de esta monotonía empírica y enorme a la cual llamo vida, y que se ha vuelto tan ella, tan misma, tan igual, que solamente la muerte podría cambiarla para darme un poco de ese paraíso infernal que sueña el guerrero antes de ir a batalla.
Trueno inquebrantable b
úscame en la lluvia de sensaciones; daga de lo inconcluso, ojalá no vengas cuando esté en los brazos de Morfeo y tenga que convencer a mi ánima para que vuelva a refugiarse en esos días que ya no le pertenecen.
Ya he medido la talla de estas esperanzas que a
ún mantengo, y no quepo en ellas. Vara y viga con que se miden lo celestial, no hagan sus cuentas delante de mi triste destino y en el silencio que inunda mis ojos.
Runas y presagios que alguna vez he visto
¿qué me dirán ahora que desatiendo las leyes de lo que era real?
Rezos apocal
ípticos y certeras dudas de los que no es, no quiero llegar a ser un oráculo de falsedad; un recuerdo sosegado, de lo que tendría que haber sido.
Vaga crueldad que muere cuando muere la necesidad y la avaricia, d
éjame seguir, no me tomes prisionero de éste rodeo sin nombre, que ahora me libro de algunas palabras y salgo de mí, a ver otros cielos y otras verdades.
Vida que llamo muerte, y final que llamo liberaci
ón, calla y sigue, que yo te sigo y luego hablaré de todo eso que tendría que haber sido, y jamás fue.

MAPA DE MIS JUEGOS

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Sé que existe una ley justa, que lleva grabada mi nombre con sangre en su ceño, y que grita mis espacios, para que le devuelva esas estrellas que me robé cuando era dueño del cielo, y de todo lo que había debajo de él.

Sé que anda por ahí, sé que espera un instante para hacerse de los señuelos que le arrojo a la felicidad y desbaratar esas trampas, donde mantengo en silencio algunas mentiras, que usaré cuando mis opciones coherentes se terminen, o cuando me canse de ser castigado por ser el único idiota que dice la verdad.

Sé que venera algunos lugares por donde he pasado; sé, que en el invierno se confunde con la nieve y viene a reclamarme esas caricias que dejé latiendo lejos de aquí y que aún esperan el fin de su faena; sé, que lleva mi nombre grabado con sangre y que un día vendrá a buscarme, para al fin, quedarse a mi lado y hablar de todo lo que le debo.

Tal vez la veré, tal vez te veré; pero por ahora, sé que me dejará seguir discutiendo mis sueños con el viento y mis caminos con la luna; y que un día, ya tendré tiempo de pagar lo que debo; y tú, tendrás tiempo de retornarme esas tristes alegrías, que dejé sumidas en un sueño profundo, cuando dejé de temer a las leyes de ensueños y empecé a usar el mundo como mapa de mis juegos

Un día… volveré, pero no todavía…

INVISIBLE COMO ANTES

INVISIBLE COMO ANTES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

…Es viento, ahora que mis manos venosas y marchitas se entregan al compás de la locura, que escucho las voces de la oscuridad; que me llaman, que me nombran, y me dicen que falta poco para que esas caricias que ya me han abandonado, vuelvan a mí, como vuelve el mar solitario a contarle a las rocas, que vio un ave aventurera cerrar sus alas en pleno vuelo, y con paz, se dejó caer por que todo ya estaba hecho y cumplido.

Miren nubes mi andar errático que marca la única perdición que encuentro dentro de mí, que me detiene y me obliga a quedarme sentado junto a estos fantasmas de ojos negros, que con temor, miran los desperdicios de sus recuerdos y se preguntan dónde se encuentran; miren nubes, que ya escucho esas buenas nuevas que canta el rocío, y me dicen que quizás un día la niebla me envolverá y me posará sobre un relámpago, y juntos recorreremos el mundo, dejando tras de sí, solamente una luz de colores repleta de misterios.

Lugares que he andado, ahora que mi boca vacía de dientes está y mi lengua se ha dormido para nunca más despertar, es que comprendo que yo los moldeaba y les daba vida y no, ustedes, lugares, a mí.

Sitios ajenos a mi presencia por donde he dormido, trabajado; por donde mi sombra aun se pregunta adónde me he ido; lugares, ya no me aprisionen y no retengan mis recuerdos ni mis cosas ni mis ganancias, por que ya ven, que aquí, desnudo, entregado y solo, iré a bañarme de luz, a reír todas las alegrías y a llorar todos las yerros; lugares, váyanse sin mí, que lo que ustedes tienen, no me sirve para pagar las deudas que ahora tengo con esos, que no sé por qué, se aparecen en mis sueños y tocan mi rostro por las noches para que no los olvide.

Amores sexuales y fiestas sin control que aún me hacen reír al recordarlas, sé que todo fue mágico para remendar algunas soledades y algunos espacios en mi vida; me despido ahora sabiendo que no todas las olas mojan el alma aunque pertenezcan al mismo mar.

Espacios, mundo, abismos cavernas y misterios; perdónenme si no los he recorrido por completo, es que siempre fui temeroso de dejar mi espacio… y ahora que lo dejo, río y lloro, al saber que mi espacio era el mundo.

Ángeles centinelas que ahora me espabilan, y me sorprenden con sus historias; no dejen que parta sin antes devolverle al viento todas sus historias y secretos; no dejen que me vaya sin retornarle a mis caminos todos sus pasos y sus sinsabores; centinelas que ahora me espabilan, que me llaman, que me nombran y que me dicen que todo está presto para traspasar algún umbral… no me dejen partir, sin agradecer todos los alientos y perdonar todas las heridas

…Es vida, que ahora me pregunto: ¿Esto es la muerte?

Y me vuelvo niño, y ya me hago invisible como antes, y digo adiós a todos mis equipajes y me voy a pedirle al mar, que me lleve sobre sus olas, por que quiero ser como esa ave, que un día cerró sus alas en pleno vuelo, y se dejó caer en paz; por que todo, estaba hecho y cumplido.

EL MALO

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Había un hombre que era malo.

No era malo por que no compartía sus cosas.

Era malo por que todos decían que no compartía lo mejor que tenía.

Era malo por que a todos les había dado sus posesiones, pero no la voluntad de obtenerlas.

Era malo por que a todos les había otorgado su tiempo, pero no las vivencias que se encerraba en él.

Era malo, por que a todos les había regalado el arte que hacía con sus manos, pero no les había dado el don que poseía.

Era malo por que les había otorgado los castillos que había construido piedra por piedra, pero no, el conocimiento para erigirlos.

Era malo por que les había regalado varias fotografías donde se lo veía en todas las partes del mundo por donde había viajado, pero no les había dado la pasión por hacer cosas.

Era malo, por que les había mostrado a uno y a varios maestros sabios, pero no les había dado la comprensión para llegar a sus palabras.

Era malo, por que les había regalado sus inventos, pero no la curiosidad para generar nuevos sueños.

Era malo, por que les había regalado la forma de morir en paz, pero no les había explicado como hacerlo.

Un día conocí a un hombre que era malo.

En su tumba dejé una rosa y hablé con él.

Y supe por qué era malo.

Por que en silencio y luego de visitarlo miles de veces, me había regalado el secreto de la inmortalidad; pero no me había dado, la forma de llegar a ella.

Contacto: jesus_alejandro_godoy4@yahoo.com.ar