EL EJECUTADO

 

©Jesús Alejandro Godoy 

Aquel que va perdido, es un ser doliente, un ente pacifista, que jamás se detuvo a dar batalla por lo que le parecía valedero.

Ése, al que ahora le besa el cuello una gruesa cuerda que se llevará sus días, es un pendiente deudor que siempre le había pedido soluciones a su Dios, y que le culpó siempre por sus fallos y por todo lo que jamás pudo obtener.

Mira, pobre ser ése que ves ahí que pronto será colgado, que dejó su vida y su destino creyendo en la suerte, y olvidando que cada día era un nuevo y silente camino para empezar alguna nueva historia.

Quédate hijo y mira atento, a ese ser que pronto se irá, el cual prontamente se dejó caer en los brazos de un azar lujurioso, y le pidió a gritos a los elementos, que le construyeran una casa, le formaran un hogar, y le regalaran amores adonde él fuera; mira atentamente, y ahora susurrando te digo, que éste que pronto será ciego de todo dolor y caminos, fue un señuelo para la nada y un criadero de dudas.

No hay paz he de decirte, en un ser que sabe que los tiempos pasan a su alrededor, mientras se sienta a esperar esas promesas que se hacía cuando era niño; no existe reflexión alguna, que se equipare a aquel que reconoce sus heridas y las atiende cuando aún son heridas y no, recuerdos que luego traerán resentimientos y perdición.

Reza ahora hijo por éste que pronto será un ejecutado de historias, que es el que lleva esa gruesa cuerda alrededor de su cuello; y no veas quién es, porque lleva tu rostro, mi rostro, y el de aquel que supone, que vivirá para siempre caminando bajo senderos soleados.

Entonces te digo, que él tiene todo tu tiempo en sus retinas y envidia de ti lo que jamás obtendrá; y tú, tienes toda su voz, y relatarás este día, como el momento en que has visto la diferencia entre ser ave o viento.

Mira hijo que cada nudo que tiene esa cuerda, es atado por tus manos, por mis manos, y no, por las manos de dioses, demonios, ángeles ni entes que merodean por ahí… no alucines hijo por ahora, ya tendrás tiempo de eso.

Por ahora has silencio, y sólo mira a aquel que va perdido, envidiando de ti, lo que jamás volverá a vivir…

 

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CORTÁZAR

Autor:

© Jesús Alejandro Godoy

 

 

Existen asuntos pendientes dentro de esas calles empedradas, que aúllan al recordar, que algunas estrofas quedaron inconclusas y ya no volverán.

Exilio del cuerpo más que del corazón y estadía perpetua en algunos estados alterados de alguna conciencia, que venía a decirme que existen en el mundo, fantasías por cumplir; pero que gran parte, ya habían viajado en la mente de un ser que un domingo se confundió con la leyenda y en alguna autopista del sur, se quedó viajando a escribir algunas nuevas genialidades.

Teatro desierto de realidades y rebosante de sueños, donde reviven algunos cronopios, es lo que veo, es lo que siento, cuando llamo algunas musas que descreen de nuevas oportunidades para crear nuevas viejas obras que prontamente se reestrenarán en algunas calles francesas que andan por ahí, extrañando algún cansado y curvado semblante, que riegue en una mañana algún ardid para cambiar el olvido por unos minutos más, frente a alguna vieja máquina de escribir que quedó despierta y paciente, perdida y reducida a la servidumbre del silencio.

Sueño a veces que me despierto con algún eco de ese genio que no logro traspasar; y cuando trato, incomprensible me coloco detrás de estos huesos destartalados de historias que se reprueban por sí solas junto a esa salud de los enfermos, que aún trato de igualar y que seguro, jamás lograré siquiera retenerle un poco de su sabiduría.

Inspiración sosegada y política de nivel, que se encerró alguna vez tras ese cigarrillo de fotografía, y ese retorno que jamás se volvió retorno por tener algunos lugares tan cercanos, que no era necesario volver como cantaba el gran zorzal, sino, que volver era una manera de despejarse en el papel, de alejarse de esos demonios que ahora sé, se quedaron quietos y desdichados, el día que el sueño se cobró el tiempo por venir, aún no soñado.

Y aunque viajo… Y aunque viajo, debo decirlo, no llego a ningún sitio: ni a D’ anjou ni a Florida, si no paso antes por las letras que me dejan extasiado de días tormentosos y dudas por resolver.

Y aunque viajo, sombras tengo, y una revelación de algunos espíritus que me dicen, que todavía quedan frases y fantasías por inventar, aunque gran parte se llevó un ser, que un domingo se confundió con la leyenda.

 

 

SÓLO VIENTO

Autor:

© Jesús Alejandro Godoy

 

En algún puerto deshabitado, dejé un navío repleto de esperanzas inconclusas; y él tal vez un día zarpará hacia el recuerdo, siguiendo ese horizonte mudo que teje a veces quimeras, para esos navegantes que sueñan con olas de magia y vaivenes de regocijos.

Allí donde se ve aquel puerto vacío, dejé anclado un certero amor que jamás será mío; junto a él, una palabra a destiempo y alguna duda que ya hoy, me olvidé a qué dictamen de mi vida correspondía.

Así que aquí, navegante, sólo me vuelvo mar, para conocer esos secretos que yacen en la oscuridad de mi alma, y que de tanto detenerme a pensar en lo que no poseía, me olvidé de lo que sí era mío, y me dejé arrastrar hacia esta costa, que grita mi nombre y en acuciantes melodías, le resta un poco de poesía a la verdad, que ahora he encontrado; esa verdad… mi verdad, que sólo dice, que jamás se acabarán los soles mientras el cielo le cante a la luna, las batallas de aquellos héroes, que destejieron sus miedos y se volvieron caminos.

Es así, que a los lejos ves amiga, que dejé varado un navío con las velas en reposo, como muertos hastiados de tanto esperar más muerte; es aquí, que en este puerto sin nombre, he dejado un silencio quejoso que aún me hace recordar, que las distancias entre las palabras y los hechos es sólo viento; es, que he dejado un centinela de miedo, cuidando los tesoros de mis terrores y muy cerca de ahí, una esperanza de volar, que a veces se vuelve mi aliento, y me hace crecer alas de momentos que se pierden en los firmamentos de lo que yace en el deseo.

Y diré amigo, que dejaré muy cerca de la costa, algunas preguntas que por ahora no he de responder, y ciertas respuestas que de tanto responderme, primero se volvieron historia, después mitos y luego leyendas.

Sé que tal vez, un día volveré a partir con algún cargamento hacia algún amanecer insondable que tenga grabado un porvenir; sé amiga, que hoy me despido de mucho de lo que hube tenido, porque si no ha de ser así, no podré seguir en mi curso; y mi fuerza, será algún sueño marchito, que me dolerá en la carne mientras mis ansias se envejecen con mi piel.

…Y es que antes de partir digo, que dejé un navío en algún puerto deshabitado; porque hoy me vuelvo mar, para conocer… esos secretos…

 

 

 

SIN LUGARES

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Entro…

E invito al viento una copa de tiempo y a la nada un vaso de horizonte aún sin soles.

Y entra alguna esperanza atisbando mi sombra sobre la barra, se revierte a la hora de hacerse hecho, y viene hacia mí con cara de pocos amigos; le invito un trago de atajos sin salida y quedamos a mano, abrazados, como dos marineros esperando zarpar un barco bajo una madrugada de julio.

E insisto a la tristeza con una medida de locura y a la inconstancia con una botella de decisiones.

Tambaleando ya, le robo la trompeta a un ángel que se quedó merodeando por aquí, y que entre copas murmura una y otra vez, que se le ha aparecido un ser extraño al que llaman “hombre”. Decidido me uno a una banda de ebrios, que sólo saben entonar las notas de esos “tal vez” y las primeras estrofas de una canción que no lleva nombre, pero que cada vez que suena, hace encoger el alma de preguntas si se la escucha estando en esos lugares, y en esas situaciones, adonde se beben las malas decisiones. Cantamos hasta casi morir, y parimos otras melodías distintas que nunca más serán ejecutadas; y entre lágrimas, cerramos los ojos y abrimos el corazón, para imaginarnos otros nuevos pentagramas para las mismas notas.

Me quedo tieso. La buenaventura vomita algunos azares sobre mis zapatos viejos; y la suerte me guiña un ojo, y se escapa nuevamente por la ventana sin pagar la ronda de whisky.

Sin sentirlo, me siento sobre una silla enclenque, junto a un invierno sin compañía y detrás de una primavera sin sorpresas.

El demonio aún corretea por los pasillos a una prostituta gorda; que, según dicen, le había prometido algún secreto de Dios que nunca le dice y que siempre le promete; entonces, entran algunas quimeras aún levantando sus torres de Babel, y todas piden una botella de ceguedad.

La avaricia que está tratando de deletrear la palabra “inmortalidad”, ebria, me codea y me señala a algunos reclusos de pasiones y desaciertos, que siempre piden tragos de resoluciones, pero que nunca los beben y se quedan mirando el techo, repleto de perdones pintarrajeados, que dicen sólo se ven, cuando las lágrimas llueven sobre los ojos de los que nunca se atrevieron a llegar a ningún lado.

Miro, y deseo otra ronda; trato de erguirme, pero mis piernas temblequean ante un peso feroz; y veo, que la muerte se ha quedado dormida sobre mi hombro y el miedo me revisa los bolsillos para robarme algunos sueños valientes.

Creo que pierdo el conocimiento y caigo junto a la nada, mientras la imaginación ríe a carcajadas y el porvenir se menea al compás de una melodía muda que llega desde la calle.

Y cuando vuelvo a mí, despierto siempre en mi cama, saboreando mi paladar vacío y buscando un poco más de días entre mis dedos.

Sin pensarlo entonces, empiezo a caminar sin lugares y con rutinas disfrazadas de aventuras; y llego a la puerta del bar de mis locuras, de mis pasos perdidos.

Y entro… una vez más.

CANTAR DE DESILUCIONES Y TORMENTOS

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Descansan en mis trivialidades, estas hordas de esgrimidas lamentaciones sin justificaciones que hoy, se vuelven ciegas transeúntes de esas calles que ya estoy harto de caminar.
Repelen estas magias disueltas que una vez supe tener entre mis manos, las sonrisas que me regalaron en justa contienda con la vida, y que tal vez, por creerme tan merecedor de ellas, las vestí de soberbias y eternidad, pues creí, que siempre iban a estar a mi lado.
Se funden entre estas escasas posibilidades, las maltrechas acechanzas de algunas alegrías que alguna vez fueron mías, y que hoy se quedan harapientas esperando a mi puerta por un poco de comida y exquisita pensión que ya no puedo otorgarles; se calman, aquellos impertérritos y dolientes resquemores que me dejaron algunas traiciones; que por un momento, me dejan ver mi cuerpo flaco y disuelto en tanta agonía imaginaria, que no sé, como puede ser que un sentimiento tan distante hoy para mí, me deje tan esquelético y afanosamente perdido en medio de este cantar de desilusiones y tormentos.
Ruedan algunas plegarias sobre mi lengua; se gritan a sí mismas, estas atontadas secuencias de palabras, que no hacen otra cosa que llamar lo que ya no espero; fiebre de perdición es lo que hay, silencio consonante con esas lamentaciones que dejé en el perchero y que azuzo algunas veces para que me encuentren distendido en algún sitio, y recordarme que la felicidad es prudencia de acción, y pureza en el tiempo que se regala en abrazos si se sabe aprovechar.
Parece quizás, que se amargan estas insensatas peroratas, para informarme que sólo sufro un poco de amor perdido en el tiempo; y se ven mis heridas, a través de prismas que agigantan mis dolencias.
El viento zumba con aullidos y ya duelo los placeres de los sentimientos no correspondidos, y fiel me quedo a mis convicciones, antes de despertarte y susurrarte que ya caigo en tragedias, antes de haberte perdido.

A PRUEBA

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Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Escucha, nunca sabes, si dirán las palabras justas que estabas esperando.

Abre, nunca sabes, si era la persona que siempre soñaste.

Despierta, nunca sabes, si ese día cambiará el resto de tu vida.

Habla, nunca sabes, si tus palabras despertarán sentimientos en personas insospechadas.

Cambia, nunca sabes, si el nuevo camino te traerá nuevas alegrías.

Analiza, nunca sabes, si la situación que te acongoja, está disfrazada de oportunidad.

Arriesga, nunca sabes, si tus movimientos audaces, serán el comienzo de una cadena de éxitos notables.

Camina, nunca sabes, si tus huellas, serán el camino que sigan aquellos que confían en Ti.

Perdona, nunca sabes, si las ofensas son en realidad pruebas que te ayudan a crecer.

Estimula, nunca sabes, si tus acciones generarán acontecimientos a tu favor.

Agradece, nunca sabes, si lo bueno o lo malo que te sucede, es ni más ni menos que la señal de que el Buen Dios, te está poniendo a prueba

OTROS CIELOS, OTRAS VERDADES

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Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Magnífica y atroz providencia, que me inventa ciénagas de duelos y desiertos de esperanzas, búscame en el aquelarre de esta monotonía empírica y enorme a la cual llamo vida, y que se ha vuelto tan ella, tan misma, tan igual, que solamente la muerte podría cambiarla para darme un poco de ese paraíso infernal que sueña el guerrero antes de ir a batalla.
Trueno inquebrantable b
úscame en la lluvia de sensaciones; daga de lo inconcluso, ojalá no vengas cuando esté en los brazos de Morfeo y tenga que convencer a mi ánima para que vuelva a refugiarse en esos días que ya no le pertenecen.
Ya he medido la talla de estas esperanzas que a
ún mantengo, y no quepo en ellas. Vara y viga con que se miden lo celestial, no hagan sus cuentas delante de mi triste destino y en el silencio que inunda mis ojos.
Runas y presagios que alguna vez he visto
¿qué me dirán ahora que desatiendo las leyes de lo que era real?
Rezos apocal
ípticos y certeras dudas de los que no es, no quiero llegar a ser un oráculo de falsedad; un recuerdo sosegado, de lo que tendría que haber sido.
Vaga crueldad que muere cuando muere la necesidad y la avaricia, d
éjame seguir, no me tomes prisionero de éste rodeo sin nombre, que ahora me libro de algunas palabras y salgo de mí, a ver otros cielos y otras verdades.
Vida que llamo muerte, y final que llamo liberaci
ón, calla y sigue, que yo te sigo y luego hablaré de todo eso que tendría que haber sido, y jamás fue.